Cuando la Calle de La Jeringa no quedaba aquí

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Cuando la Calle de La Jeringa no quedaba aquí

Puerto Cabello, julio 31 (Pausides Rodríguez/ Elvis López).- Si algún encanto podemos atribuirle a la Calle de La Jeringa que hoy conocemos como tal, es su peculiaridad para trasladarnos al pasado, a un lugar y época tal no vivida en donde florecen amenos relatos, con voces anónimas ya desaparecidas que se han convertido en poesía con el transcurrir del tiempo.

 El caprichoso diseño que tomó esta vieja calle, ubicado a un extremo de la calle Bolívar “cortando camino” hacia la Casa Guipuzcoana y con una extensión de apenas cuatro cuadras,  le convirtió en un icono de Puerto Cabello, y guarda para sí un anecdotario de infinitos recuerdos, que entre más se contempla, el embrujo de antaño atrapa, doblega y hace soñar.

Según el colectivo imaginario es la de más antigüedad; por eso, cualquier cuestionamiento sobre su nomenclatura pudiera generar cierta polémica, pues sería oponerse a una tradición oral de excesiva porteñidad de la cual nadie que conozca y quiera esta ciudad está exento.

La ocurrencia porteña supone que se le atribuye el nombre de la “Jeringa” a esa calle, por el hecho de que un vecino tenía por oficio vacunar bestias en una casa ubicada en este lugar, y ese nombre se quedó entre los vecinos para referirse a la vía.

El análisis de una serie de documentos del siglo XVlll, a la luz de la actualidad urbana, ubican a una tal calle “La Jeringa” en el tramo de la calle Bolívar, entre el Teatro Municipal y la plaza Concordia.

Las referencias más añejas mencionan a La Jeringa ya para el año 1798, como prolongación de la incipiente urbe.

En este caso es oportuno indicar la división que existió por años, denominada “Puente Dentro”, donde residía la clase social más alta y “Puente Fuera” donde se constituyó el arrabal surgido casi inmediatamente después. El punto de división lo constituía un puente levadizo, llamado La Estacada, sobre un canal o larga fosa de dos metros de profundidad; el puente levadizo estaba localizado en lo que hoy es la esquina del Palacio Municipal con la calle Bolívar, mientras que la fosa se ubicaba a lo largo de la ahora calle Ricaurte, que es la vía que actualmente recorre todo un costado de la plaza Bolívar, atraviesa la calle Puerto Cabello hasta desembocar en la otra zona marinera.

Así las cosas, la calle “La Jeringa” que nos ocupa se encontraba en los arrabales de aquella urbe y al parecer el nombre se lo habría endilgado la clase social dominante pues se cree que el término “jeringa” también era un calificativo que hacía alusión a personas escandalosas o muy bulliciosas.

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