
Por. Vanileiby Rivas.
En el panorama artístico contemporáneo del estado Carabobo, el nombre de
Giovanni Zambrano (Barranquilla, 1972) resuena no solo como el de un
creador prolífico, sino como el de un humanista que entiende el arte como un
ejercicio de altísima responsabilidad ética y técnica. Afincado en Venezuela
desde los nueve años, su trayectoria es un puente entre la herencia caribeña y
la disciplina clásica, consolidándose hoy como uno de los retratistas y
escultores más destacados de la región.

La forja de un espíritu autodidacta
Aunque su origen se remonta a la luminosa Barranquilla, fue en las calles del
barrio San Millán, en Puerto Cabello, donde Zambrano comenzó a decodificar
el mundo a través del dibujo. Su formación, profundamente empírica pero con
bases teóricas inquebrantables, se nutrió de la observación silenciosa en la
calle Lanceros, viendo trabajar a maestros como Darín Ceras y Javier La Rosa.
Sin maestros formales, Giovanni recurrió a los gigantes de la historia. Su obra
es un diálogo constante con la grandeza de Miguel Ángel, a quien considera el
«todo» del arte, y con el dominio de la luz y el alma humana de Rembrandt. De
igual forma, la sensibilidad lumínica de impresionistas como Renoir y Monet se
filtra en su comprensión del color y la atmósfera.

Versatilidad y dominio técnico
La capacidad de Zambrano para transitar entre disciplinas es asombrosa. Su
catálogo abarca desde la sutileza del grafito y la tinta china hasta la fuerza del
muralismo y la escultura monumental.

+En la Pintura y el Dibujo: Domina una diversidad técnica que incluye acuarela,
óleo, acrílico, pasteles y técnicas mixtas con plumilla y rapidógrafo. Se le
reconoce, por encima de todo, como un retratista excepcional, capaz de captar
la gestualidad espontánea y la esencia psicológica de sus modelos.
+En la Escultura: Su manos dan vida a la arcilla, la madera, el yeso y el metal.
Ha explorado con éxito materiales modernos como la fibra de vidrio y la
marmolina, demostrando que su comprensión del volumen es tan profunda
como su dominio del plano bidimensional.
El arte como legado familiar
Detrás de la figura del artista se encuentra el hombre que reconoce en su
origen y en su descendencia su motor principal. Hijo de Mérida Nieto y
Antonio Zambrano, y hermano de una familia que ha sido testigo de su
evolución, Giovanni ha vertido su sensibilidad en su rol de padre. Sus
hijos, Isabella e Isaac Zambrano, representan para él la continuidad de la
vida, esa misma vida que intenta atrapar con cada trazo y cada modelado.
«Cada obra es un proyecto que debe afrontarse con responsabilidad. No
es solo técnica; es la importancia de captar la espontaneidad del momento.» — Giovanni Zambrano.
Nuevos horizontes: cine y animación
Fiel a su naturaleza inquieta, Zambrano no se detiene en las bellas artes
tradicionales. Su pasión por el cine lo ha llevado a incursionar en el mundo de la
animación, colaborando actualmente en proyectos que buscan dar movimiento
a su visión estética, demostrando que para un artista de su talla, la evolución es
el único camino posible.
Hoy, tras más de una década residiendo en Valencia, Giovanni Zambrano se
erige como un referente indispensable del arte carabobeño. Un creador que no
solo pinta o esculpe, sino que observa el mundo con la responsabilidad de quien
sabe que el arte es, en última instancia, el testimonio más honesto del ser
humano.
Fuente: Ciudad Valencia/RM
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