
Po r Ka t i u s k a G ó m e z
En el marco del inicio de la novena en honor a la Virgen de Begoña,
patrona de Naguanagua, conversamos en exclusiva con el Presbítero
Wilmer Alexander Moyetones.
Con 16 años de ministerio sacerdotal recién cumplidos, actual párroco
de San Antonio de Padua en Los Guayos, y pieza clave en la formación
ciudadana como Asesor del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y
del Consejo Arquidiocesano de Laicos, el sacerdote nos ofrece una
profunda reflexión sobre el rol de la Iglesia y del ciudadano en la
sociedad actual.
— Padre Wilmer, como Asesor del Movimiento de Cursillos de
Cristiandad, usted lidera un espacio diseñado para formar líderes desde
una experiencia de fe muy intensa. En una era de tanta inmediatez
digital, ¿qué estrategia o «reingeniería» pastoral están aplicando en la
Arquidiócesis para que el cursillo siga transformando realidades sin
perder su esencia original?
Pbro. Wilmer Moyetones: A nivel arquidiocesano, lo importante es la
escucha del anuncio del Reino de Dios.
Nuestro arzobispo, Monseñor Jesús González de Zárate, ha marcado
unas líneas pastorales que el movimiento a su vez ha intentado acatar y
actualizar en medio de su carisma. Todos los movimientos de la Iglesia
nacen del Espíritu Santo porque Él los quiere para algo en concreto.
El Movimiento de Cursillos de Cristiandad tiene un objetivo muy claro:
fermentar los espacios y los ambientes de la gracia de Dios.
Ciertamente, en un mundo que camina tan rápido, qué difícil es
detenerse y hacer silencio. Creo que escuchar la voz de Dios, escuchar
la voz del obispo, de la Iglesia y escucharnos a nosotros mismos en esa
oración profunda, nos ayuda a comprender el querer de Dios.
El año pasado usted fue el Orador de Orden en la sesión solemne por la
Virgen de Begoña y sabemos de su sensibilidad poética al haber sido
pregonero de la Virgen del Socorro en 2019.
Desde esa conexión íntima entre cultura, poesía y fe, ¿cómo logra que
su mensaje en esta novena deje de ser solo una tradición histórica y se
convierta en una respuesta viva para el ciudadano de hoy?
Pbro. Wilmer Moyetones: Yo conocí esta iglesia parroquial desde niño.
Mis padres y mi familia somos de aquí, de la Virgen de Begoña, de
Naguanagua. Esa sensibilidad nació con el
tiempo, corriendo en estos patios de la casa parroquial, viendo a los
sacerdotes de aquí, que en aquel entonces era Monseñor Reinaldo Del
Prette, el párroco de esta comunidad. La comunidad cristiana te
contagia de ese amor a la Virgen, de sentir que ella está allí para llevarte
a Jesús. María nunca te lleva hacia ella porque no tiene esa necesidad;
ella te lleva a escuchar a Jesús: «Hagan lo que Él les diga». Si hay algo
verdaderamente central, es que la Virgen nos lleva y nos dice: «Hagan lo
que Él les diga». Somos la única religión que tiene una madre, no
estamos huérfanos, y debemos sentir siempre esa compañía y ese
manto maternal que te arropa y te sostiene en el momento de la
debilidad. María es la madre de todas las poesías, la madre de Dios y la
madre de la Iglesia.
— El pasado mes de julio cumplió 16 años de ministerio sacerdotal. Al
mirar su propia trayectoria, desde sus inicios hasta hoy, siendo párroco
y líder de movimientos diocesanos tan grandes, ¿qué paradigma ha
tenido que desaprender o transformar en su propia visión para
conectar mejor con una feligresía que atraviesa crisis sociales tan
complejas?
Pbro. Wilmer Moyetones: Los 16 años que tengo de sacerdote me han
enseñado, en primer lugar, a escuchar. Esa imagen que el Papa nos
regaló de «ir adelante, ir en el medio y detrás» ayuda mucho al
presbítero. Uno se ordena y cree que siempre va a ir adelante, creyendo
que se las sabe todas, y eso es normal tras años de filosofía y teología.
Por un tiempo quizás caminas adelante y vas diciéndole a las personas,
pero después comprendes que en algunos momentos tienes que ir en el
medio. Ir en el medio del pueblo santo de Dios es escuchar, compartir
sus alegrías y sus tristezas, caminar con el dolor de las personas, como
lo aprendí en mis 10 años como coordinador de la Pastoral de la Salud.
Y muchas veces también toca ir atrás: recogiendo, acomodando, y
sobre todo, esperando al hermano que se ha quedado sin fuerzas y al
que muchas veces hay que cargar, sostener y ayudar.
Además de los Cursillos, usted guía espiritualmente al Consejo
Arquidiocesano de Laicos. Hoy en día la sociedad exige mucho más
protagonismo del ciudadano común. ¿Cuáles son los proyectos
concretos que están desarrollando para empoderar al laico valenciano,
de manera que su acción vaya más allá de las parroquias y logre un
impacto real en la esfera pública y profesional?
Pbro. Wilmer Moyetones: Hace 12 años Monseñor Reinaldo Del Prette
me encargó el Consejo Arquidiocesano de Laicos. Creo que el gran reto,
en primer lugar, fue juntarlos; que en una mesa se pudieran sentar los
carismas que el Espíritu Santo ha regalado a la Iglesia de Valencia y
descubrir esa riqueza. Hay que formar a los laicos para que sean
protagonistas en la sociedad y puedan dialogar con la cultura. El laico
no se debe quedar con una dimensión meramente espiritual, encerrado
en los templos.
Tiene una vocación muy bonita que es la de fermento: llegar donde no
llegan los presbíteros, ni las religiosas, ni el obispo. El laico tiene un
compromiso con la restauración de una sociedad que está fracturada
por la corrupción, la maldad, la ironía, la traición. Ahí es donde tiene que
coser con el amor, con el servicio, con el perdón y con el diálogo.
La misión no es solamente juntar las manos en la eucaristía; la misión
empieza cuando el sacerdote dice: «Podéis ir en paz». Esa paz debe
llevarse a los hogares y a los lugares de trabajo para impregnar a la
sociedad política, económica y cultural de la buena noticia y de la
dignidad humana.
Bahia Stereo 91.5FM Se siente






